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HISTORIAS ASOMBROSAS 2012 OS OFRECE UN NUEVO RELATO CON EL QUE DISFRUTAR A LA LUZ DE LA HOGUERA EN EL HOGAR DEL FANTÁSTICO.
Cuaderno de bitácora de la nave espacial de recreo Alexandros. 23 de marzo de 2068.
Mi nombre es Iván Gurenko. Me acompañan en este viaje mi esposa Nadia y mis hijos Valeri, Sergei y Natacha. Hace dos horas partimos del espacio-puerto de Altares 5 con rumbo al cinturón de planetas paraíso. Nuestro destino es Neo Venecia, el sexto planeta artificial creado para la práctica de deportes acuáticos. Hacia mucho tiempo que no disfrutábamos de unas largas vacaciones así que no hemos reparado en gastos y hemos adquirido un robot mayordomo clase B33 que responde al nombre de Amadeus. Mi mujer y los niños están encantados con Amadeus, que cumple todas sus órdenes al pie de la letra y hace que la travesía sea mucho más placentera de lo que ellos esperaban. Aparte del robot, no llevamos con nosotros tripulación alguna. Siempre me ha gustado pilotar naves espaciales pequeñas en travesías relativamente cortas por lo que he aprovechado la ocasión para desempolvar mi viejo titulo de piloto. Espero un viaje tranquilo y apacible hasta llegar a nuestro destino.
La gota de acido se filtro por una junta en mal estado. Muy lentamente se abrió paso entre cables y engranajes hasta caer por un conducto de ventilación. Durante una fracción de segundo la gota voló en el aire en caída libre como un halcón que inicia un picado hacia su presa. Su salto al vacío se vio interrumpido cuando se estrello contra la cabeza del robot. Inexorablemente, comenzó a deslizarse por la metálica superficie hasta llegar a una pequeña rejilla por donde penetró hacia el interior del androide.
Cuaderno de bitácora de la nave espacial de recreo Alexandros. 24 de marzo de 2068.
Hoy ha sucedido algo curioso. No es un hecho especialmente destacable, pero dentro de la monotonía del viaje hay pocas cosas merecedoras de ser plasmadas en este diario. Cuando esta mañana entré en la cocina, toda mi familia estaba ya sentada en la mesa. Entonces le ordené a Amadeus que trajera mi desayuno. El robot se quedó parado en el sitio como si no hubiera recibido ninguna orden. Pensando que no me había escuchado le he repetido la orden subiendo el tono de voz y he obtenido el mismo resultado. Hasta en cinco ocasiones he repetido la orden, casi gritando al final, hasta que el robot ha emprendido la tarea. Cuando llegue a puerto pediré a un mecánico que examine sus receptores de sonido ya que parece que no le llega bien. Si bien justo antes de ponerse en marcha, el robot me ha mirado durante una fracción de segundo como desafiante. Sé que es una locura y es totalmente imposible ya que ello contraviene las leyes de la robótica pero precisamente por lo absurdo de la situación me he decidido a reseñarlo en este archivo.
Poco a poco, con un burbujeo constante, la gota iba horadando todo lo que encontraba en su camino. Fue abriéndose paso por una maraña de cables hasta posarse en un pequeño chip. El acido comenzó a hacer su trabajo disolviendo el chip muy lentamente.
Cuaderno de bitácora de la nave espacial de recreo Alexandros. 25 de marzo de 2068.
Hoy hemos sufrido un desafortunado accidente por el que ha resultado herido mi hijo Sergei. Hemos salido al espacio exterior con nuestros trajes de seguridad. Valeri, Sergei y yo, dejando a las mujeres de la casa en el interior de la nave. Se trataba de andar un poco por la cubierta de la nave, que los chicos vivieran la experiencia de caminar por el abismo infinito del cosmos anclados solo por el cable de seguridad. Cuando estábamos regresando a la nave, y solo faltaba Sergei por entrar, los motores de esta se han encendido de golpe. Sergei no ha podido entrar por la escafandra y una de las torres de comunicaciones de la nave le ha golpeado de lleno. Dos costillas rotas además del fémur. Ahora descansa placidamente en la enfermería. Lo mas extraño es que juraría que además de apagar los motores de la nave, había dejado conectado el seguro por lo que es casi imposible que los motores de la nave se hubieran encendido aun habiendo pulsado alguien sin querer el botón de arranque.
Una vez disuelto el pequeño chip, la gota siguió su camino destructivo sin que nada pudiera detenerla. Cientos de pequeñas conexiones fueron seccionadas por el acido una a una. La gota atravesaba placas, microprocesadores y demás componentes como si de mantequilla se tratara.
Cuaderno de bitácora de la nave espacial de recreo Alexandros. 26 de marzo de 2068.
En el día de hoy, yo Iván Gurenko, he lanzado una señal de SOS tipo B3. Ruego que cualquier nave que la reciba, sea comercial, militar o de recreo, acuda en nuestra ayuda. Mi hijo Valeri está muy grave, no creo que pase de hoy si no recibe ayuda especializada. Una bombona de oxigeno se soltó de su anclaje y le aplastó la cabeza sin que pudiéramos evitarlo, ha perdido mucha sangre y permanece en la enfermería en estado de coma inducido. La nave se encuentra detenida a la deriva desde las 13:00 horas de hoy y empiezo a sospechar que nada de esto es casual. Tengo casi la plena certeza de que nuestro robot mayordomo Amadeus es el responsable de todos los accidentes y averías que han sucedido en este viaje. Cada vez se comporta de un modo más errático y anárquico y cada vez son mas las ordenes que no asimila. Voy a intentar desconectar a Amadeus para que no pueda causar mas daño y sea examinado una vez lleguemos al espacio-puerto.
La gota llegó a la unidad central de procesado de datos y sin demora alguna comenzó a disolver las pequeñas conexiones hasta que la atravesó por completo. Lo siguiente que encontró a su paso fue el núcleo de comportamiento y el nexo de unión. La gota cayó en el centro del núcleo y comenzó un lento proceso de corrosión.
Cuaderno de bitácora de la nave espacial de recreo Alexandros. 27 de marzo de 2068.
Mi nombre es Nadia Filipenko. Toda mi familia ha sido asesinada. Mi marido Iván, mis hijos, Valeri, Sergei e incluso la pequeña Natacha. Estoy herida y asustada y se que no me queda mucho tiempo. Encerrada en el puente de mando puedo escuchar como él golpea la puerta para intentar entrar. Es cuestión de tiempo que Amadeus entre en esta estancia y entonces yo moriré. Si alguien encuentra esta grabación, que sepa cual ha sido nuestro horrible final. Que sepan que… ¡que!... ¡no! ¡Nonononono! ¡Por favor! ¡¡¡POR FAVOR!!! ¡¡¡AAAAGGGGHHHHH!!! ¡¡¡NOOOOOOOOOO!!!
¡Click!
Gregor Kiryakov, oficial de la policía científica de los planetas recreo, apagó la grabación y se dirigió a su segundo Boris Shychev.
— Mejor no seguir escuchando. Lo que sigue hace que a uno se le revuelva el estomago. — Al menos es un caso fácil. El robot se volvió loco y mató a toda la familia. Luego se voló por los aires llevándose media nave con él. — Si, a nuestros chicos del laboratorio no les ha quedado mucho que analizar. Es una pena no tener el robot para saber que falló. ¿Tu que crees que pudo pasar? —Vete tú a saber. Probablemente nunca lo sepamos. Recuerda aquella canción popular:
“Por un clavo se perdió una herradura, por una herradura se perdió un caballo, por un caballo se perdió un general, por un general se perdió la guerra...
...la guerra se perdió por un clavo.”
FIN.
Por: Francisco Dominguez Cruz
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